Tuesday, October 7, 2008

idas y venidas


uno se viene
y se va, a veces
como el viento
en silencio
en agua que se corre
río abajo.

a veces se llega
a dónde cuando se viene
el silencio abajo
me río
como el agua

Thursday, September 11, 2008

Sarah Palin, Miss Salmón Fresco



Mientras Sarah Palin, la atractiva pitbull con lipstick, asumía su cargo de estrella política ante las cámaras de la prensa fashionista, centenares de manifestantes eran arrestados por la policía. CNN no transmitió los arrestos. No importa. Tenemos entretenimiento directamente de Alaska. Hasta Jamie Lynn Spears, la hermana de Britney, ha dado su respaldo a la gobernadora en la hora pico. Eso es importante. Ella, igual que la hija de Palin, estuvo embarazada cuando era menor de edad. El padre de la criatura era el noviecito que conoció en la iglesia. Those Christian churches are hot!
Habrá que andar con cuidado. Es mujer. Tan representante de las mujeres patriarcales como Margaret Thatcher. Conservadora entre los conservadores (¿reaccionaria?) su falsa biografía citada en wikipedia señala que a veces salía a las tres de la mañana a cazar alces con su padre. Luego de matarlos y tomarse una foto sobre el charco de sangre, llegaba a la escuelita temprano. Ahora, ya grande y olvidada de certámenes de belleza, nos pide que oremos por los Estados Unidos, que han escuchado a Dios e invadieron a Irak. Bueno, eso lo pudo haber dicho cualquier Miss Salmón Fresco. Añade que hay que orar para terminar la tubería de un gasoducto que redundará en $30,000 millones para enriquecer a unos cuantos. Orar para horadar el suelo en busca de oro negro. Bien. Eso está más a tono con una republicana. Por algo la Convención se realizó en el Xcel Energy Center.
Así que armas, muchos niños, petróleo, pitbulls con lápiz labial, alces muertos y Cristo corporativo son los elementos que trae el nuevo ícono republicano y diva del feminismo conservador (representado in Porto Rico by Jennifer González and Albita). Palin sonríe a las cámaras. Afuera, centenares son arrestados. Incluyendo a la periodista Amy Goodman quien, en realidad, me parece más interesante que hockey mom aunque no lleva maquillaje en prime time. ¿Eso no es noticia?

Tuesday, August 26, 2008

Ruqaya





Hace cuatro años Ruqaya Al Ghasara, devota musulmana, fue la primera corredora en participar en una olimpiada luciendo el hiyab, código de vestimenta islámico. Hace dos años ganó la medalla de oro en la carrera de 200 metros de los Juegos Asiáticos. La primera atleta de su país, Bahrein, que obtiene un premio internacional. Hace una semana participó en Pekín. Corrió cubierta de pies a cabeza con una vestimenta especialmente hecha para atletas musulmanas.

Ruqaya es una especie de solitaria. Su país, un archipiélago gobernado por una monarquía hereditaria, tiene unos 700,000 habitantes. Escasa tradición olímpica. Mucho menos en la rama femenina.

Ella compite con el corazón (y sus creencias). En realidad no estuvo ni cerca de ganar la medalla olímpica esta vez. Pero está clasificada octava en el mundo. No está mal. Personalmente, disfruté el triunfo de las corredoras jamaiquinas en todo lo que significa eventos de velocidad. No me sorprendió porque Jamaica tiene una larga tradición en carreras cortas, una escuela especializada en esos eventos y un grupo de decenas de corredoras que se preparan en la isla o en universidades del extranjero. Pero no pude dejar de pensar en la Ruqaya, esquivada por las otras competidoras.

Otra corredora de Bahrein me interesa. Myriam Yusuf Jamal. Como nueve de los diez atletas que representan al país, Jamal no nació allí. Es etíope. Pidió asilo en Suiza. Le negaron la ciudadanía. La solicitó en Estados Unidos, Canadá y Francia. Finalmente el país árabe se la concedió. Es campeona mundial de los 1,500 metros.

Cristiana. Viste como… ¿las demás?

Dicen que Mahoma, alabado sea el Profeta, gustaba de correr junto a su esposa, Ayesha. No sé.

Confieso que admiro el cuerpo esculpido y poderoso de las atletas. Como en el voleibol playero. Belleza y disciplina. Confieso, además, que admiro la belleza de una atleta que compite dando el máximo sin que pueda distinguir apenas sus tobillos. Es hermoso el valor.

Publicado en El Nuevo Día. 25 de agosto de 2008

Tuesday, August 5, 2008

Rafael Acevedo, el escritor fantasma experto en Solzhenitsin

Me han colocado al mismo nivel que Borges y García Márquez. A cada momento se publican barrabasadas sentimentales u opiniones pueriles sobre cualquier cosa y las autorizan con esos nombres. Como aquella infame carta del Gabo, escrita cuando supo de su padecimiento de cáncer. ¿Recuerdan?
Pues resulta que El Nuevo Día me endilga una cita en torno a la muerte de, nada más y nada menos que, Alexander Solzhenitsin. Nadie, ni siquiera mis amigos más cercanos, me ha preguntado algo sobre el asunto. Pero el periódico de hoy cinco de agosto me adjudica frases amplísimas que debo haber expresado durante el sueño o en un delirio alcohólico que soy incapaz de recordar. Y en todo caso jamás sería capaz de decir que en algún escrito del ruso se narra algo que uno no podría imaginar que estuviera pasando. Ni borracho diría tal cosa. Desde chiquito aprendí que cualquier cosa puede suceder. De hecho, podía imaginarme atrocidades que estaban pasando.
¿Solzhenitsin? Cuando niño leí Un día en la vida de Iván Denisovich. Recién le habían concedido el Nóbel y mi padre me invitó a leer algo sobre él. Casualmente tenía en su biblioteca el libro mencionado. Entonces me gustó. Como me gustaron Gogol, Dostoievski, o Tolstoi. Porque describían lugares ajenos a mi experiencia vital. De ellos, en la adolescencia, me quedé con Gogol y Dostoievski. Y ninguno me gustaba más que el béisbol.
Ya universitario traté de leer El archipiélago de Gulag pero esa historia ya la había contado Kruschev en 1956, en el congreso del Partido Comunista. Me aburrí. En ese momento leía Ulises, de James Joyce. Decidí quedarme con la narración del irlandés (y con la absurda conciencia de hacerme escritor como Stephen Dedalus). Como se verá, no soy un experto.
¿Qué creo de Solzhenitsin? Que era un escritor conservador (me refiero a su estilo), ruso, nacionalista, y que fue utilizado por Occidente durante la Guerra Fría convirtiéndolo en un mejor escritor de lo que era. No digo que era mal escritor. Pero Borges, García Márquez, y aún Pasternak (otro premio Nobel, con concurso de la CIA) Evstuchenko y el mismo Joseph Brodsky me parecen más interesantes. En lo personal era un tipo valiente, sin duda. Defensor de sus creencias. Aunque no sé si creerse un iluminado que propone la creación de una Gran Nación Eslava en oposición al materialismo occidental sea algo que celebrarle.
En resumen, que a mí nadie me ha preguntado. Que se me ha conferido el mismo sitial que Borges y García Márquez, es decir, el de autor de citas que jamás he dicho. Es un honor inmerecido pero, qué caray, no me molesta. La foto, sin embargo, no es la mejor. Hay otras en la que me veo más guapo.

Monday, November 26, 2007

Estaba fumando algo fuerte

Antonio Salas

Hijo de hombre, come lo que se te ofrece; come este rollo y ve luego a hablar a la casa de Israel. Ezequiel 3, 1.

Estaba fumando algo fuerte a orillas del río Kebar. Ezequiel trataba de cruzar al otro lado en busca de mejor vida. Eso es lo que decía pero en realidad sólo quería moverse un poco y sacudirse la arena del culo. Soplaba el viento recio.
Abrió los ojos y vio una gran nube de fuego. Sonrió. Esta es buena yerba, dijo su conciencia. En el medio de la nube parecía distinguirse una luz de neón anunciando Mejor Vida con una barra simple pero elegante y tres mesas de billar. Había cuatro bailarinas cuyo aspecto era el siguiente: sus piernas eran rectas y bien torneadas y la planta de sus pies era como la planta de la pezuña del buey. Ezequiel lanzó una carcajada por lo obvio del asunto y por las minifaldas plateadas. De las caderas para abajo vio como fuego que producía resplandor en torno. De las caderas para arriba no vio nada porque no le interesaba. Entre ellas, unas luces incandescentes.
Había un ruido como de muchas aguas. Tuvo ganas de orinar y lo hizo. Volvió a sentarse esperando un poco de tranquilidad para tratar de cruzar la frontera natural. No sabía cómo pero algo se le ocurriría. O mejor, algo le ocurriría. Entonces escuchó una voz atronadora. Ponte de pie y escúchame. Del susto, Ezequiel cayó al suelo dando su rostro primero en el polvo. Estaba tan aturdido que no sintió dolor, ni el tibio hilillo de sangre en la comisura de los labios. Miró hacia atrás, no para huir, sino para cerciorarse de que la aparición de Mejor Vida siguiera allí. No estaba. Maldita sea, pensó.
Hey, presta atención, tronó la voz acompañada del relámpago de una linterna de pilas. Necesito que lleves esto al otro lado.
Ezequiel, dudoso, preguntó ¿por qué yo? ¿No tienes a más nadie?
La voz respondió serena y amenazante, condiciones que sólo la experiencia puede conciliar.
Porque los que se han rebelado contra mí sólo pueden hacerlo una vez. Los he sentado sobre nidos de escorpiones.
Pensar en esa incómoda postura logró que Ezequiel hiciera un mayor esfuerzo para concentrarse en lo que le decían.
Sólo quiero que vayas al otro lado y le entregues este paquete a mi amigo, Israel Montes. El te estará esperando.
El paquete más bien parecía un libro enrollado. La voz enfática comenzaba a asustarlo. Tomó el paquete en sus manos.
Ahora cómetelo.
Oyó un sonido parecido a pistolas automáticas cargándose y se llevó obediente el paquete a la boca.
Es una broma, animal.
Escuchó risas pero no veía demasiado. Estaba oscuro. ¿Qué me toca a cambio? Se atrevió a preguntar.
Boñiga de buey para que hagas tu pan sobre ella, cabrón.
Sintió un fuerte empujón y que cuatro brazos lo cargaban en dirección a la orilla del río. Lo colocaron en un bote de remos.

Dirígete hacia aquellas luces verdes. Si te desvías desde aquí te volamos la calabaza.
Eran apenas unos 300 metros lo que separaba una orilla de la otra. Pero ambos extremos estaban bien guardados por oficiales armados.
No hay nada que temer, nosotros hacemos la ley y la trampa, dijo la voz atronadora, mientras encendía un cigarro.
Él comenzó a remar jugando con las palabras calabaza, cabeza, celabeza, cabelaza…
No tomó mucho tiempo cruzar el río. Se sentía tan tranquilo. Repetía la palabra tranquilo como un mantra. Llegó a un pequeño embarcadero rodeado de bonitas luces verdes. Tomó el paquete y saltó hacia la madera sin dificultad. Miró al cielo, hermoso, lleno de estrellas. Ya estás al otro lado, se dijo. Se acostó en el suelo allí mismo con el paquete sirviéndole de almohada. Cuando estaba a punto de quedar dormido escuchó pasos. Cerró los ojos más fuertemente para tratar de escapar por medio de un extraño sortilegio pero no funcionó.
Pssst, mira, levántate pendejo.
Abrió los ojos y pudo distinguir el rostro de un hombre curtido por la vida pero de rostro apacible. Se puso de pie. ¿Israel Montes?, preguntó.
Para servirle a usted.
Ezequiel entregó el paquete. El hombre entonces le ordenó seguirlo. Salieron a una calle justo al lado del embarcadero. Limpia, con algún negocio abierto a esas horas. Tranquila. Montes le señaló un bote de basura.
Allí está lo suyo. Usted nunca me ha visto y por supuesto mi nombre no es ese que usted sabe.
Y ¿quién es usted? preguntó impertinente. Soy el que soy. ¿Qué hay ahí dentro?, se atrevió a preguntarle. El falso Israel Montes se rió de buena gana
Mierda de buey para que hagas tu pan sobre ella, cabrón, y tuvo la confianza de darle una palmada en el hombro. Usted parece buen tipo, no se meta en problemas, váyase a su casa. Y no sea preguntón, carajo. Dicho esto se alejó.
Ezequiel esperó uno, dos minutos. Quizás tres. Se acercó al bote de basura. Pensó en si lo que le decían era literal o simbólico. Caminó hacia el lugar señalado y vio un pequeño bolso de cuero negro. Lo tomó y sin mirar a ninguna parte se dirigió al final de la calle.
Seol Mossebot, creyó leer en el letrero de neón. Antes de entrar abrió el bolso y se sorprendió con los billetes de denominación altísima. Soltó una carcajada. Malditos hijos de puta. Los quiero, gritó. Atravesó las pesadas puertas de entrada en cristal oscuro. Una barra simple pero elegante y tres mesas de billar. Había cuatro bailarinas cuyo aspecto era el siguiente: sus piernas eran bien torneadas y calzaban zapatos de tacón alto. Ezequiel lanzó una carcajada por lo obvio del asunto y por las minifaldas plateadas.

Wednesday, November 21, 2007

Fenomenología del espíritu


foto de Mara Pastor

Cuando sonríe le brilla el rostro. El rostro perfecto. Con esa sonrisa como marco me susurra quisiera abrirte el pecho con un hacha y arrancarte el corazón para comérmelo. Recuerdo entonces que en el Extremo Oriente la belleza se asocia con las sombras y la claridad es mirada con recelo. No estamos allá. Estamos en esta calle, justo detrás de los restoranes.


No sé que gesto se me dibuja en la cara pero ella, sin dejar de sonreír, pregunta ¿estás bien? No entiendo su duda. Acaba de decirme que me rompería el pecho y me sacaría el corazón. Pues debo confesar que me toma por sorpresa su comentario. Estamos desnudos y es un estado en el que la fragilidad es evidente. Lo contrario también. Misterio de la vida. Sudo.


Se levanta de la cama y abre una gaveta. El hacha, pienso yo, listo para saltar. No. Un libro. Si va a leer un poema es preferible que me quiebre el esternón con un machete. Ninguna de las anteriores. Estaba leyendo esto, me dice. Relatos de un escritor muy famoso. Ciego. Permanezco alerta. Por si las moscas. Comienza a explicarme algo del juicio estético de Hegel. Pienso que lo que quiere es ganar tiempo. Atraparme desprevenido. ¿Estás bien? Una pregunta difícil. Miento. Digo que sí.


Se acerca. Su larga cabellera negra es como la sombra de un árbol. Me calmo. Me besa. Con la ternura y eficacia de una yogi. Me derramo como el plato de leche de un gatito. ¿Tienes hambre? Y la verdad es que sí. Se escapa de la habitación como una brisa. Oigo que se abre una gaveta, otra, y escucho el sonido de metales. Una risa. Es el fin. Me pongo los pantalones como pueda. No quiero morir desnudo. En esta situación. Tomo el libro del maldito ciego. No sé. Un impulso. Se abre la puerta. Suda. Tiene en su mano derecha un cuchillo. Sonríe llenando todo de luz. Mueve su larga cabellera y todo es sombra. Suelto el libro. Abro los brazos aceptando la muerte porque es bella. ¿Te gustan las manzanas? me pregunta, mostrándome dos. Una roja y otra verde.